Conocer un trozo de historia a través de los pilares de casa

Una de las maravillas que se tienen al platicar con personas adultas es cuando comparten contigo su experiencia y vivencias.

Todos los seres humanos tenemos algo qué compartir, una experiencia que bien puede trasmitirse para seguir evolucionando.

Por otro lado, es otra forma de conocer la historia. La historia la solemos leer de un libro, a lo mejor ver un documental, pero el escucharlo directamente de la voz de quien ha vivido un suceso en particular, es por mucho más valioso.

En casa tenemos la fortuna de contar en esta vida con mi suegra, una gran mujer en toda la extensión de la palabra.

Una mujer que a sus casi noventa años disfruta de una fortaleza, viveza y una memoria impresionante.

A ella le tocó vivir en su niñez el proceso educativo lanzado por el entonces presidente Lázaro Cárdenas.

Escuchar de viva voz y apelar a la imaginación conforme te va contando que ella, siendo una niña (mujer) y muy pequeña, lidió con la mentalidad de los padres de entonces que no aceptaban que las niñas recibieran educación y en general que los niños debieran ayudar a sus padres en las labores del campo y del hogar en lugar de ir a la escuela.

Fue una etapa difícil para ella, quien demostró su deseo de aprender a leer y escribir.

Su carácter le ayudó, porque consiguió su cometido y en las aulas era la más pequeña de la clase, una clase conformada por niños de diferentes edades.

Las escuelas se fueron construyendo poco a poco y las aulas las fueron montando con muebles escolares, que provenían de la ciudad y con el tiempo, los mismos alumnos fueron fabricando.

Mi suegra recuerda nombres y situaciones de cada uno de sus compañeros, en especial a un muchacho que ya rayaba los 15 años y que se sentía un tanto intimidado por ser el mayor del salón y bueno, mi suegra estaba justo en el otro extremo con apenas 6 años.

Ella recuerda con mucha nostalgia esa época, porque no solo descubrió los libros y su contenido, sino que logró leerlos y expresarse de forma escrita.

normalLo que también atesora es la forma de educación de esa época. Ésta consistió en que durante la mañana se impartían las “materias”, luego los niños regresaban a casa a ayudar a sus padres y retornaban por la tarde para aprender un “oficio”, todo como parte de su educación.

Así, para cuando terminaban la primaria no solo sabían leer y escribir, también sabía de geografía, civismo, historia… y podían perfectamente desempeñar un oficio.

Oficios como carpintería, herrería, costura, mecanografía, zapatero… Esto ayudaba a la creatividad, al manejo de las herramientas, a la responsabilidad y a la confianza del mismo niño ante lo que le esperaba más adelante.

Además les ayudaba que en casa debían ayudar a las tareas del campo o negocio o por lo menos a las tareas hogareñas.

Este contacto con cosas naturales y herramientas les permitió a esa generación desarrollar varias habilidades.

Y por supuesto, mis hijos al escucharla cuestionaron el momento del juego, a lo que mi suegra les contesta que en todo momento y a pesar de lo riguroso que pudieran ser los padres o profesores de aquella época, se les permitía a los niños jugar y en su caso, ellos mismos hacían sus propios juguetes.

Por otro lado, los niños de entonces corrían y trepaban árboles y en los lugares donde existían ríos o lagos, los niños los disfrutaban al máximo.

Mientras escuchamos los numerosos relatos de su infancia y juventud, veo en el rostro de mis hijos su interés y la bombardean de preguntas, creo que esta es una de las mejores formas de conocer un trocito de historia, lo cual valoramos todos en casa.

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