Los anglicismos y su influencia en nuestro lenguaje; ¿algo totalmente negativo?

Durante la pasada temporada navideña, tuve la visita de un amigo canadiense, a quien conocí durante una estancia académica en Montreal. Entre las muchas cosas de las que platicamos al estudiar juntos, salió el tema de lo hermoso que debería ser el invierno en Canadá (desde mi punto de vista).

Mi amigó comentó entonces que si bien la nieve creaba paisajes maravillosos, llegaba a provocar aburrimiento e incluso depresiones entre los ciudadanos de aquel país, quienes vivían inviernos extremos año tras año. Agregó que, de hecho, a él le gustaría pasar un invierno en un país más cálido y fue así como hicimos el pacto de que durante unas vacaciones navideñas yo lo visitaría en Canadá y en otras él vendría a México, a pasar la temporada conmigo.

Este año fue su turno de visitarme y me satisface decir que lo pasamos muy bien. No obstante, una de las cosas que le sorprendieron de lo que podríamos llamar nuestros “usos y costumbres”, fue el hecho de que empleamos muchas expresiones en inglés.

Todo comenzó un día en que navegábamos por internet para reservar los boletos de una exposición que nos interesaba ver. Entonces vimos uno de los muchos anuncios que se publican en internet, con el título “Stadium Seats for Sale”. Mi amigo pensó que se trataba de una compañía extranjera, pero cuando le comenté que era una empresa mexicana, se sorprendió porque el anuncio estuviera en inglés.

A partir de ahí comenzó a poner más atención en los anuncios que veíamos por todas partes y su asombro fue en aumento, al percatarse de todo lo que estaba escrito en inglés; “Free”, “Sale”, “Online”, “Shopping”, “Back to School”, “Parking”. También empezó a notar las diversas palabras en inglés que se filtran en nuestras conversaciones cotidianas; “Ok”, “Bye”, “Ride”, “Chance”. Y, claro está, los términos que resultan de la mezcla entre el inglés y el español; “fowardear”, “clickear”, “check-ear”, “taggear”; curiosamente, la mayoría de estos tienen que ver con el uso de las nuevas tecnologías.

Cuando  mi amigo fue incapaz de contenerse más, me preguntó alarmado por qué permitíamos que nuestra lengua se perdiera de esa forma. Pues, según argumentó, por cada anglicismo que se infiltraba en nuestro hablar cotidiano, se extinguía un término de nuestra lengua. En ese momento, consideré que tenía razón y recordé el viaje que hice a España. En esa ocasión lo que me sorprendió fue ver que ahí tienen por costumbre traducir todo, hasta los nombres de algunas marcas, cuando corresponden a verbos o sustantivos y no precisamente a nombres propios.

La verdad es que nada nos costaría decir “Oferta”, “En venta”, “Reenviar” o “De acuerdo”. Sin embargo, ahora me pregunto si el uso de anglicismos, que de hecho es frecuentemente criticado por académicos y lingüistas, no podría tener algún aspecto positivo. Me queda claro que el inglés se mantiene como una de las lenguas más importantes a nivel mundial y que si bien hay otras con gran influencia en ámbitos como los negocios, el arte y la cultura, todavía es más fácil comunicarse en inglés en cualquier parte del mundo, que en idiomas como el chino, el francés o el alemán.

Por tanto, no me parece del todo negativo que las personas y particularmente los niños, comiencen a familiarizarse con expresiones del inglés, aunque sea mediante el uso de estos términos que ya se han vuelto comunes.

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